InicioSomosFotógrafasBlogTienda
InstagramFacebook
Joanna Mellado Flores

Joanna Mellado Flores, el cruce entre creación, producción, mediación y gestión.

Por Maulina

2025-12-06

Joanna Mellado Flores (Talca, 1979). Gestora cultural, dramaturga y productora de artes escénicas. Fue co-fundadora del Frente de Dramaturgia Maulina, agrupación activa durante cinco años y con la que publicó el libro Nueva dramaturgia maulina (2016).

Ha escrito cinco textos dramatúrgicos: Los caracoles, Los mandamientos, Una contra todos, Los perros y La matashoros, este último incluido en el libro Juventud entre líneas (2019), que reunió a autoras y autores del Maule y del Biobío.

Además de su trabajo creativo, Joanna se ha desempeñado como productora de textos propios y ajenos, y como gestora de actividades formativas vinculadas a las artes escénicas y visuales, siempre con un enfoque comunitario. Ha impulsado iniciativas como el festival itinerante Teatro, cuento y circo por el Maule (2022 y 2023), orientado a la circulación de Artes Escénicas en diversas comunas de la región.

Actualmente es parte del equipo de Escena Pública Maulina, donde se desempeña como productora general en la versión 2025 del festival y en el desarrollo de Escena Pública Itinerante (2026), un nuevo proyecto que busca ampliar el alcance y vinculación de las artes escénicas en territorios rurales del Maule.

Paralelamente, trabaja como gestora de proyectos culturales en la Dirección de Extensión, Arte y Cultura de la Universidad Católica del Maule (UCM), donde trabaja iniciativas y actividades artísticas vinculadas al territorio y a la comunidad universitaria.

Como dramaturga y gestora cultural, has recorrido caminos entre la creación, la producción de festivales itinerantes y el trabajo comunitario. ¿Cómo influyen en ti y en tu escritura esos cambios constantes de rol?

Moverme entre la creación y la producción me ha enseñado a observar con otros ritmos: la gestión requiere ser concreta, entender presupuestos, logística, marcos institucionales, mientras que la dramaturgia me recuerda que todo eso existe para sostener experiencias sensibles, humanas, y que solo ocurren cuando las personas se encuentran.

Cuando se trata de gestionar o producir, mi mirada de dramaturga me ayuda a no perder de vista el sentido de cada actividad. No me interesa programar por cumplir; me importa que lo que hacemos dialogue con las personas que viven ese territorio o espacio.

Por otra parte, la gestión me ha vuelto más consciente de los territorios y a escribir y a crear desde una pregunta constante: ¿cómo hacemos que el trabajo cultural y artístico no sea solo un evento, sino un espacio donde las personas se reconocen y se sienten parte? Y Entender que no se trata de limitar la creación, sino de tener claridad sobre el contexto donde esa obra podría existir.

Has vinculado lo teatral, la danza y la narración a comunas rurales con festivales que tú lideras desde 2022. ¿Cómo se transforman tus ideas cuando las llevas a territorios alejados de los centros culturales? (Ej. Festival "Teatro, Cuento y Danza por el Maule")

Mis ideas se transforman porque el territorio obliga a mirarlas de nuevo. Lo primero es escuchar y observar: cómo funciona la comunidad, qué espacios tienen, qué tiempos manejan y qué esperan de una actividad cultural.

También cambio la forma de relacionarme con la idea. Cuando trabajo en espacios no convencionales o zonas rurales, sé que no puedo llegar imponiendo una visión o pensando que traigo “la solución cultural”. Ser paternalista o rígida solo rompe el vínculo. Entonces ajusto la propuesta para que sea un diálogo y no una intervención externa. Eso implica soltar ciertas decisiones y abrir espacio a lo que la comunidad propone o necesita.

La transformación ocurre en cosas muy concretas: la duración, el formato, la puesta en escena, la mediación, incluso el tono. A veces una idea que funcionaba bien en mi cabeza necesita adaptarse a un gimnasio, a una plaza, a un público intergeneracional, o a condiciones climáticas adversas. Y ahí la pregunta ya no es “¿cómo hago para que esto resulte como lo imaginé?”, sino “¿cómo hago que esto tenga sentido aquí?”.

En tu trayectoria se destacan iniciativas como talleres en artes visuales para adultos mayores, y actividades formativas junto a comunidades diversas. ¿Qué sentido tiene para ti generar espacios de mediación y aprendizaje colectivo?

Para mí, los espacios de mediación y aprendizaje colectivo tienen sentido porque permiten que la gente se apropie de lo que hacemos. No llego con actividades cerradas ni con ideas rígidas. Lo que me interesa es que las personas conversen, prueben, pregunten y transformen la propuesta desde su propia experiencia.

Trabajar con adultos mayores, niñas, niños o comunidades diversas me ha mostrado que la mediación no se trata solo de entregar herramientas. Tiene que ver con crear experiencias que ayudan a vivir mejor: momentos de encuentro, de humor, de calma, de creatividad. Esas cosas simples, pero importantes, no siempre se hacen visibles en actividades más formales.

En lo personal, me interesa que la mediación no sea un complemento, sino parte central del proyecto. Cuando las personas participan de verdad, sin paternalismo, sin imposiciones, el proyecto gana vida y sentido. Y eso es lo que hace que valga la pena sostenerlo.

4. Taller de plasticina Artes visuales para personas mayores

Trabajas con frentes múltiples -producción, gestión, mediación, creación- ¿Qué desafíos internos surgen al sostener esa multiplicidad de identidades profesionales?

El desafío principal tiene que ver con los tiempos y los ritmos. Cada rol exige una disposición distinta, y no siempre es fácil pasar de uno a otro.

Otra dificultad es mantener claridad en medio de esa mezcla. La gestión es práctica, la creación es más interna, y la mediación implica escucha.

Lo que he aprendido con el tiempo es que este trabajo no se sostiene sola, sino que es posible cuando hay un equipo confiable y se trabaja con una lógica de cuidado mutuo.

En lo personal, creo que no hay que idealizar esa capacidad de “hacer muchas cosas”. No es una virtud en sí misma. Es solo una forma de trabajo que requiere atención para no sobrepasarse.

La asociatividad y la descentralización aparecen en tu discurso como valores esenciales. ¿Cómo configuran estos principios tanto los procesos como los resultados artísticos que impulsas?

Para mí, la asociatividad y la descentralización no son solo las consignas de un discurso; son formas de trabajo que responden a la realidad del territorio. En la práctica, implican entender que los proyectos no se sostienen solos y que es necesario construirlos con otras personas, instituciones o comunidades. Eso ordena los procesos desde el inicio: escucharse, ajustar y compartir decisiones.

La descentralización también influye en cómo imagino los resultados. No pienso en obras o actividades que funcionen solo en espacios formales. Me interesa que lo que hacemos pueda dialogar con espacios públicos, juntas de vecinos o lugares donde casi no llegan propuestas artístico-culturales. Eso cambia la escala, la técnica y, a veces, incluso el lenguaje de los proyectos.

Trabajar con estos principios implica aceptar límites, negociar mucho y soltar ciertas ideas para que el proceso sea realmente compartido. Pero también te devuelve algo importante: proyectos más conectados con su contexto y con las personas que los reciben.

3. Obra el regalo PatitaMagica TeatroCuentoydanza

La pausa, el silencio y la lentitud han sido temas recurrentes en tu discurso reflexivo. ¿Cómo conversan estos tiempos internos con las urgencias institucionales y los plazos de producción?

Lo que intento es no pelear con esa tensión, sino reconocerla. En el caso de la escritura la pausa y la lentitud no son una invitación a detener los procesos, sino una forma de tomar distancia para ver mejor. Trato de dejar espacios, que pueden ser meses o años, para ordenar ideas, revisar lo que estoy haciendo y no actuar solo por inercia.

También aprendí a separar: la producción y las instituciones tienen tiempos que debo cumplir, y a veces solo es cosa de ser honesta y decir “esto se puede hacer ahora y esto otro necesita más tiempo”, y en este ámbito algo clave ha sido construir equipos de trabajo confiables y comprensivos. Personas que entienden los ritmos institucionales y los ritmos creativos y que ayudan a sostenerlos sin que uno anule al otro, un equipo que no idealiza la productividad, sino que trabaja desde la colaboración y la confianza. Y esto hace una diferencia enorme.

Mirando hacia lo que viene, ¿cuáles son las preguntas que te acompañan hoy como creadora y gestora cultural? ¿qué caminos te gustaría abrir en el futuro, tanto personal como colectivamente?

Las preguntas que me hago tienen que ver con cómo sostener este trabajo sin perder sentido. Me pregunto cómo seguir creando sin desconectarme del territorio, cómo evitar repetir, instalar o imponer fórmulas y cómo cuidarnos en un medio que suele estar apurado y muy exigido. También pienso mucho en qué tipo de proyectos necesita realmente la comunidad y cómo evitar que la gestión se vuelva administración y producción de eventos.

A nivel personal, quiero recuperar tiempo para escribir y retomar procesos creativos que he dejado en pausa.

En lo colectivo, me interesa fortalecer la asociatividad y los vínculos de trabajo que se basan en confianza y generosidad. Mi experiencia de este año, por ejemplo en el Festival “Escena Pública Maulina” y en la Dirección de Extensión de la UCM me ha permitido vivir eso: trabajar con equipos que conversan de frente, que entienden los distintos ritmos y que sostienen los procesos sin competir. Quisiera que ese tipo de prácticas se expandiera en el Maule.

Me gustaría contribuir a que la cultura se piense a largo plazo, no solo por convocatorias anuales, y que las comunidades tengan más herramientas para decidir qué actividades quieren y cómo prefieren involucrarse. No tengo respuestas cerradas, solo intenciones: seguir trabajando de manera cuidada, consciente y coherente para los territorios y comunidades con los que me relaciono, poniendo énfasis en las relaciones de trabajo que permiten que todo esto sea posible.

1. Obra Km8 Escena Publica maulina

2. Obra Microhabitat Escena pública maulina

Finalmente, como una creadora reflexiva, empática y profundamente comunitaria, que ha tejido redes culturales en el Maule y resistido los desafíos de la descentralización, ¿qué mensaje alentador y lleno de resiliencia compartirías con otras artistas y gestoras que buscan llevar su trabajo desde la convicción, el cuidado mutuo y el compromiso territorial?

Lo que podría compartir es que este trabajo no se sostiene en base al esfuerzo individual. Se sostiene con comunidad, con equipos confiables y con personas que entienden que la cultura es un proceso y no una carrera. Se suele decir que no es fácil trabajar desde regiones, desde la institucionalidad o desde los bordes, quizás no es fácil pero sí es posible cuando dejamos de hacerlo solas y solos.

También creo que es importante aprender a crear confianzas y, sobre todo, saber mantenerlas. Las buenas prácticas no se improvisan: se cuidan, se sostienen y se revisan con el tiempo. Y parte de eso es reconocer las redes de apoyo que te han acompañado, no olvidarlas ni darlas por sentadas. Entender la importancia de no sumarse a dinámicas dañinas y cuidar los vínculos que sostienen el trabajo cultural, no solo con nuestros pares, sino con todas las personas que conforman el ecosistema cultural, ya sean artistas, comunidades, gestores, trabajadores de instituciones públicas y privadas.

También creo que lo más sano no está en romantizar la resiliencia, sino en reconocer que es válido cansarse, pedir apoyo y ajustar expectativas. El compromiso del trabajo artístico-cultural en el territorio no significa estar disponible para todo, sino trabajar desde lo que una puede sostener de manera honesta.

Otras publicaciones

¡Celebramos nuestro segundo aniversario! :D

¡Celebramos nuestro segundo aniversario! :D

Encuentros fotográficos virtuales

Encuentros fotográficos virtuales