Por Constanza Avello
2026-06-04
/Sueño cielos estrellados/ es una de las pocas publicaciones editoriales de fotografía autoral en la región del Maule. Es el resultado del trabajo mancomunado entre su autora Elena Concha (1940) y las sociólogas Espe Fuentes e Ivón Figueroa, habitantes de la comuna de Parral que supieron de la solitaria existencia de la fotógrafa de esta pequeña localidad del Maule Sur, que por allá en la convulsa década de los setenta registró bautizos, licenciaturas, primeras comuniones y todo tipo de eventos o solicitudes, al unísono de un valioso trabajo creativo que sumó negativos, diapositivas e impresiones a un archivo final de 5.626 fotografías, sin data exacta en su mayoría, no obstante, enclavadas entre Parral y el embalse Bullileo donde transcurre la vida que Elena relata compartir con su familia y amistades, junto a Esther, su compañera, y Constanza, la hija que criaron juntas.
Autodidacta, la pasión y compromiso de Elena por la fotografía la llevan a abrir un local de revelado en la ciudad y a fundar el primer Sindicato Independiente de Fotógrafos de Parral; mientras que una hermosa amistad con el ya fallecido profesor de filosofía Rafael Velásquez, la acompañó recorriendo el pueblo al calor de elevadas conversaciones con la cámara al hombro buscando inspiración. Fue Rafael quien colaboró activamente a profesionalizar su oficio dándole un merecido lugar en su curriculum a sus logros en exposiciones y concursos, son de él los poemas que acompañan la selección fotográfica del libro y de él las palabras que le regalan su título.
/Sueño cielos estrellados/ expone una selección magistral donde brilla el potencial poético de la fotografía autoral. Lejos de invitar a un viaje en el tiempo para reconocer un territorio específico, es una publicación que invita a visibilizar el lenguaje visual experimental que desarrolla Elena con una cámara analógica, materializando la sensibilidad de una mujer del tercer cuarto del siglo pasado, con un oficio poco común, una familia poco común y amistades poco comunes en el marco de la conservadora vida de provincia de una región preeminentemente latifundista de la zona central.

La memoria nunca ha sido suficiente y lo es cada vez menos con la sobre información digital. Pero tampoco resuelve la pérdida el registro. No basta escribir, no basta fotografiar ni grabar para resguardar. Entender la fotografía como suplemento de la memoria no solo reduce su carga simbólica, sino, además, la vuelve peligrosamente una verdad al servicio de memorias e historias específicas: “si le ponía título, era canalizar lo que yo quería que vieran” declara Elena para argumentar porqué Ivón y Espe encontraban en su archivo una misma imagen con hasta tres títulos diferentes, a propósito de su participación en diversos concursos de fotografía que la obligaban a titular sus fotografías como postales costumbristas.
Elena sabe que la fotografía es un lenguaje del lado de la poesía y es lo que este libro rescata: una estética autoral que parece desincronizada del tiempo y el espacio que le tocó habitar. Retratos desenfocados, imágenes con doble exposición o baja velocidad de obturación, rompen y se distancian de la tradición fotográfica purista y correcta promovida en la época por los clubes de fotografía de Santiago, distanciándose a la vez de la necesaria urgencia documental de la fotografía desarrollada en dictadura.


Difícilmente fue ajena a todo aquello, es que la libertad creativa que se aprecia en la porosidad de sus imágenes inmensamente contemporáneas, llenas de textura, movimiento, rayas, color y contraste, evidencian que iba un paso más adelante, o quizás al costado, para decir las cosas de otra manera. No es un dato intrascendente que ella misma revelara sus fotografías en su pequeño local, tampoco la vinculación con la poesía y la filosofía, ni la experiencia de la naturaleza en la precordillera del Maule donde construyó con sus manos su propia casa.
Todos esos datos biográficos que atentas registran Espe e Ivón, ofrecen una genealogía de las imágenes resultantes donde Elena voluntariamente sobrepasa la operación técnica para volverse una autora que tomó decisiones hasta la publicación de este, su primer fotolibro a sus 86 años.
Conectada con la contingencia y las comunidades rurales amenazadas por el progreso neoliberal de los ochenta, conmovida por cielos estrellados, sumergida en las aguas del Bullileo, Elena eligió decir lo que quedaba al margen: el amor, la amistad, los vínculos, la pausa, el juego y el gozo. También con un trozo de tela desgarrado por un alambre de púa dijo la violencia de la época.

A partir de esta valiosa selección, donde el desface es evidente entre tecnología y ruralidad, se reconoce la mediación técnica de un lenguaje rupturista para la época. Las imágenes cuidadosamente rescatadas con un impecable trabajo de digitalización a cargo de Francisca Astroza nos traen, en otra fisura que desarticula el paradigma tecnológico occidental, no a los fantasmas del pasado, sino a Elena Concha Silva, una fotógrafa de Parral sin más.
Este libro puede descargarse gratuitamente en el sitio web de Revista Endémica: www.revistaendemica.cl