Por Marcela Valdés
2025-08-04
Asistir a StgoFoto 2025 fue para nosotras un gesto generoso que confirmó el sentido profundo de nuestra comunidad fotográfica maulina: una invitación que abrió puertas, conversaciones y miradas nuevas. Llegamos con imágenes en los bolsillos y expectativas humildes; volvimos con el corazón lleno de gratitud, con ideas renovadas y con la certeza de que las historias que nacen en el Maule encuentran eco más allá de nuestro territorio. Habitar el Centro Cultural La Moneda, conversar frente a un fotolibro compartido, escuchar y ser escuchadas: todo eso tuvo un efecto cálido y revitalizante para el colectivo.
El festival nos ofreció terrenos fértiles para aprender y para imaginar. Las charlas, los talleres y las mesas de trabajo fueron espacios donde pudimos descubrir prácticas editoriales, estrategias de circulación y maneras diversas de pensar la materialidad del libro fotográfico. Más que respuestas definitivas, nos llevamos herramientas y preguntas: cómo narrar desde la lentitud del paisaje; cómo pensar la secuencia, el ritmo y el tacto del objeto impreso para que la mirada encuentre tiempos de pausa; cómo hacer que los fotolibros lleguen a escuelas, bibliotecas y centros comunitarios, no sólo a ferias o a vitrinas de la capital. Esos aprendizajes nos animan a experimentar y a diseñar formatos que dialoguen con nuestras realidades.
También fue un lugar para celebrar las posibilidades estéticas y tecnológicas que hoy existen: nuevas formas de montaje, propuestas gráficas que combinan texto e imagen con delicadeza, y recursos que permiten explorar la forma sin perder de vista el sentido. Vimos trabajos que nos inspiraron por su valentía formal y por su capacidad de trasformar lo cotidiano en algo potente. Lejos de uniformarnos, esas referencias nos invitan a afinar nuestras propias voces: tomar lo útil, descartar lo accesorio y seguir proponiendo miradas que nazcan de nuestro territorio.
Llevar al festival trabajos de otr_s creador_s maulin_s fue, para nosotras, una decisión política y afectiva: una manera de multiplicar el espacio que se nos otorgó y de visibilizar trayectorias que pocas veces circulan fuera de la región. Ver esas obras junto a otras voces latinoamericanas fue emocionante: permitió situar nuestra práctica en un diálogo más amplio y reivindicar que desde el Maule también se piensa, se publica y se comparte con intención. Abrir ese hueco para l_s nuestr_s es parte de nuestra tarea como colectivo.
Más allá de las herramientas y las imágenes, lo que nos conmovió fue la sensación de pertenencia. Hubo encuentros que se transformaron en redes, en acuerdos de colaboración, en propuestas de coedición y en promesas de intercambio. Comprendimos con claridad que el camino para descentralizar la producción cultural no pasa por replicar modelos desde el centro, sino por tejer alianzas horizontales: coediciones entre colectivos, presentaciones itinerantes, residencias compartidas y estrategias de circulación que piensen en territorios y en públicos diversos.
De regreso al Maule, vinimos con compromisos concretos: queremos impulsar coediciones regionales, organizar presentaciones en espacios comunitarios, compartir conocimientos técnicos en talleres abiertos y diseñar rutas de circulación que permitan que los libros vuelvan a las manos de quienes están en el territorio. Sabemos que son pasos modestos, pero confiamos en que la suma de esos gestos cambia las condiciones de visibilidad y acceso.
Cierro esta columna con gratitud y con la alegría de lo recibido: gracias a quienes nos recibieron, a quienes nos compartieron herramientas, a quienes nos ofrecieron sus conversaciones y a quienes nos acompañaron en el intercambio. StgoFoto nos dio más que un escenario; nos dejó la energía para seguir construyendo colectivamente, para traducir lo aprendido a nuestras prácticas y para devolver al Maule aquello que nos fue regalado: acompañamiento, redes y la convicción de que no estamos solas en este oficio. Seguimos con la cámara en la mano, la curiosidad encendida y el deseo de seguir contando desde aquí.
Fotografías de Gabriela Paz